HI1-IglesiaPrimitiva ijthysMosaic ConstantinoI HI1-Coliseo HI1-Roma HI1-VíaAppia

La Iglesia y el Imperio

313 – 476 d.C.

“CON EL PODER EN LA CABEZA”

Desde el Edicto de Tolerancia de Constantino (313 d.C.) hasta la caída de Roma occidental en el 476 d.C. fue un periodo caracterizado por el cambio radical en la posición del cristianismo inmerso en el imperio. Para el año en que abdicó Diocleciano (305 d.C.) la religión cristiana estaba prohibida, y todo aquel que se declaraba cristiano era a lo menos torturado y en los peores casos, recibió la muerte. Antagónicamente, en el 381 d.C. bajo el gobierno de Teodosio I., se reconoció el cristianismo como la religión oficial del imperio. Lo cual, generó que el emperador (así mismo llamado cristiano) junto con una corte de cristianos profesantes, iniciasen una nueva era en el imperio. Los cristianos pasaron de la arena del coliseo y los lugares de tortura, a las sillas de gobierno del imperio.

 

En consecuencia, se llevaron a cabo, gran cantidad de reformas que trajeron muchos beneficios para los cristianos. Sin persecución y con el apoyo del emperador, el cristianismo retomó sus lugares de congregación, se dio autorización para la construcción de nuevos lugares de adoración, y se patrocinó y ejemplificó dicha actividad, construyendo templos que eran réplicas de la basílica romana. Muchos templos paganos se consagraron como iglesias, algunos de ellos se mantuvieron con el fin de usarlos como bóvedas del tesoro público, tesoro que terminaría en las arcas de la iglesia y su clero, hechos que atestiguan sobre un financiamiento del Estado para la iglesia. Más beneficios llegaron con el tiempo. El clero estaba libre del pago de impuestos, tenían una alta defensa de acusaciones públicas, se les puso en posición de privilegio en la sociedad, y queriéndolo o no, se les convirtió en figuras públicas poderosas. Aunque se creía que las cosas habían mejorado y que el vínculo entre el Estado y la Iglesia se había fortalecido, no fue más que una maldición, porque los privilegios y el poder que algunos tenían era el principal atractivo para unirse al cristianismo sin considerar el aspecto de la fe en ello, por tanto, se perdió todo el sentido, la adoración quedo a un lado y las practicas paganas se infiltraron dentro de la iglesia; el problema fundamental fue que la iglesia pasó de ser perseguida a ser reconocida y venerada, ya no es más una institución que transforma al mundo, sino una que se deja transformar por él.

 

El cristianismo era la religión de Estado del Imperio Romano, al menos Constantino había hecho que lo fuera en la práctica, pero llegó a serlo oficialmente bajo Teodosio[1] (378-395), quien hizo obligatoria la membresía en la Iglesia. Fue la peor calamidad que jamás le haya sucedido a la Iglesia. Hasta los días de Constantino la conversión era voluntaria, un cambio genuino de corazón y de vida. Pero ahora la conversión obligatoria llenó a las iglesias de gente no regenerada. Compenetró a la Iglesia el espíritu militarista de la Roma imperial. La Iglesia cambió de naturaleza, y sobrevinieron mil años de abominaciones papales.

Por otro lado, en lo político Constantino notó que Roma estaba íntimamente ligada con la adoración pagana, llena de templos, estatuas, e inclinada a la idolatría. La tradición en Roma, en aspectos políticos y religiosos, era algo con lo que Constantino no quería luchar por lo que decidió reubicar la capital del imperio en oriente, en la antigua ciudad griega de Bizancio que unía Europa con Asia. Además, la figura del obispo de Roma se había tornado difícil de manejar. Así, se fundó Constantinopla, nombrada en honor a Constantino.  La nueva capital, las repercusiones del cambio en Roma, y las amenazas de invasión externa, terminaron en la división del imperio.  Constantino nombró emperadores asociados o “sub-emperadores”, pero fue Teodosio quien completó la separación en Imperio Oriental, e Imperio Occidental, dividiendo así, también a la iglesia.

 

Ahora bien, en el ámbito social, terminaron también los combates de los gladiadores, el infanticidio de los hijos no deseados y la crucifixión como forma de ejecución. Estos cambios fueron realmente beneficiosos, puesto que apuntaban a una trasformación social. Sin embargo, la Iglesia Imperial se había hecho una institución completamente diferente de la Iglesia perseguida de los tres siglos primeros. En su ambición de reinar, olvidó y perdió el Espíritu de Cristo.  Quien no se consideraba cristiano era blanco del imperio, Constantino fue tolerante a ciertas expresiones religiosas, pero no fue así con sus sucesores quienes en no menos de 150 años terminaron con el paganismo, buscando la conversión rápida de los paganos por medio de leyes opresivas como no otorgarles recursos, expropiaciones y la pena de muerte como castigo.

 

En conclusión, si se le hubiera permitido al cristianismo desarrollarse normalmente sin tener el poder del estado, y si este hubiera continuado libre del dictado de la Iglesia, ambos hubieran sido mejores estando separados. Sin embargo, la iglesia y el Estado llegaron a ser una sola cosa cuando el Imperio adoptó al cristianismo como la religión oficial. De esta unión forzada surgieron dos males: uno en las provincias orientales y otra en las occidentales. En Oriente el estado se fusionaba de tal modo con la iglesia que esta perdió toda su energía y vida. En Occidente, como veremos, la iglesia usurpó poco a poco el poder al estado. Como resultado, no había cristianismo, sino una jerarquía más o menos corrupta que iría a dominar las naciones europeas y que convirtieron fundamentalmente a la iglesia en una maquinaria política, una sociedad indiferente, escasa de fe, realmente ignorante, una iglesia perseguidora y que violentamente iba con todo aquello que estuviera en contravía a lo que se consideraba correctamente para ellos, pero cuya moral estaba más que por el suelo. Una política de Estado que en apariencia benefició, pero que no hizo otra cosa más que corromper la iglesia, con una institucionalidad corrompida, cuyos beneficios solo fueron para aquellos que pertenecían al grupo, escaseando así, verdaderos corazones arrepentidos, pero si abundando verdaderos desvanes en el interior de la organización, porque en eso se convirtió.

 

Bibliografía

Pedraza, C. (2017) La Iglesia Imperial – Parte I 313d.C-476d.C. [Entrada de blog] Recuperado de https://www.cpedraza.com/2017/04/20/la-iglesia-imperial-parte-i-313d-c-476d-c/Cultura del cristiano. (2013) La iglesia imperial, nacimiento de la iglesia católica romana. Recuperado de LA IGLESIA IMPERIAL (Nacimiento de la Iglesia Católica Romana).

[1] Con respecto a su política religiosa, continuó con la persecución a los paganos y tomó la trascendental decisión de hacer del cristianismo niceno o catolicismo la religión oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica de 380.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*